viernes, 23 de diciembre de 2011

"La Meca de la frivolidad"

Ayer, con motivo de el cumpleaños de una amiga, fuimos a visitar la tienda de Abercrombie en Madrid. Me gustaría compartir mi experiencia: yo entré pensando que iba a visitar una tienda donde los dependientes son modelos y salí con la impresión de haber visitado "el museo del jamón".
Me voy explicar. No es que me desagrade la tienda o la ropa. Los precios no son muy competitivos pero la ropa no está mal. Tampoco me impactó tanto el tener que hacerme una foto con un "trozo de carne" a la entrada de la tienda. Siento ser tan cruda pero el modelo de la entrada (no tan lejos de ser una atracción turística) pierde su condición de hombre en el instante en el que se quita la camisa, enseña sus abdominales y pone una pose sexy a la cámara. En ese instante pasa a condición de "trozo de carne". No está ahí por su personalidad o sus habilidades, sino por su tejido muscular estriado.
Pero no fue eso, pues de eso venía avisada. Lo que más me indigno fue el momento en el que subo las escaleras, entro en la tienda y encuentro frente a mí una estatua al más puro estilo griego de una "deidad" masculina en "boxers" y exhibiendo sus prominentes músculos. Y esto no es todo, una pared entera de la tienda era nada más y nada menos que un mural dedicado al cuerpo masculino. No hay necesidad de describir los innumerables cuerpos musculosos y medio desnudos de hombres pintados en dicho mural. Daba la impresión de templo griego dedicado al "dios de la carne" y decorado con frescos de lo más inspiradores en cuanto al cultivo de dicho elemento. O dicho de otra manera, parecía "el museo del jamón", un montón de jamones expuestos para deleite del consumidor. En resumen, una inocente tienda de ropa se ha convertido en un templo dedicado al culto del cuerpo, ni tan siquiera pienso que en la Grecia antigua se les ocurriera semejante idea.
Lo peor de todo es que esta técnica publicitaria, muy bien pensada por cierto, tiene mucho éxito. No hay más que decir que hay siempre una cola de unos 10 minutos para entrar en la tienda. La primera tienda en la que he estado en la que tienes que guardar cola para entrar a comprar. Este éxito publicitario pone de manifiesto la frivolidad de nuestra sociedad y la desesperación de cientos de adolescentes españolas que acuden a la tienda sin ningún propósito de compra (la gran mayoría).
Personalmente, si fuera chico pienso que me habría deprimido y  pienso que en las chicas lleva inconscientemente a influir en nuestro concepto de hombre, elevando el estándar a un ideal que pocas veces existe y que en algunos casos puede llevar a la decepción, aparte de fomentar la valoración de una persona por el envoltorio, no por su contenido.

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